Cuentan que algunos actores son atrapados por los personajes que interpretan. Creo haber leído una entrevista a Daniel Day Lewis en la cual reconocía que le había llevado cierto tiempo quitarse de encima a “The butcher”, jefe de Los nativos, una pandilla del film Pandillas de Nueva York [i]. Entiendo que estos actores no interpretan un personaje; se transforman en él, logran despersonalizarse y adquirir otra identidad.
Un psiquiatra y neurólogo alemán, Klaus Conrad, describe en su célebre libro “La esquizofrenia incipiente” [ii] distintas fases en el tránsito hacia la psicosis, es decir, la pérdida de la conciencia de realidad extrasubjetiva. La primera de esas fases la denomina “trema”, término también usado en la jerga teatral para dar cuenta de las sensaciones que vive un actor cuando entra a escena y se transforma en otro.
El fenómeno es interesante, pero deseo referirme a uno más particular: un actor que se transformaba en un personaje para dialogar con otro, un muñeco creado por él. El hombre era Ricardo Gamero, ventrílocuo. Su nombre artístico: Míster Chasman, y Chirolita, el muñeco.
La personificación artística de Gamero —Míster Chasman— hábilmente manipulaba con una mano al muñeco que tenía sobre sus rodillas mientras conversaban. Gamero hablaba con el decir de Chasman, en tanto Chirolita dialogaba con otro registro y lenguaje. Una conversación entre dos personajes surgidos de la misma voz, desdoblada y diversa.
Según un artículo periodístico escrito por Guillermo Courau [iii], “Gamero era un hombre tímido, de pocas palabras, melancólico y de carácter difícil”. Hizo a Chirolita con papel, harina y resortes, y, a través de se creación manifestaba lo que podrían llamarse sus propias inhibiciones, temores, retraimiento. Chirolita, más suelto y desprejuiciado, tuteaba a Chasman, que, serio, circunspecto y formal, lo trataba de usted.
Los diálogos no eran ambiguos, sueltos ni deshilvanados, sino reflexivos; discurrían entre argumentos y opiniones, a veces controvertidos y con chispas humorísticas. Si bien había una rutina preparada por Gamero, Chirolita sorprendía con ocurrencias que desafiaban a Chasman, obligándolo a improvisar, como si el muñeco adquiriera vida propia e interpelara a quien le daba su voz —no la suya, sino una diferenciada, personal, caracterizada por tonos, giros, agudas y oportunas observaciones.
Si un personaje adquiere vida propia y un actor —me atrevo a decir— ya no actúa, sino que el personaje fluye a través de él, como Paul trascendió y vivió a través de Marlon Brando en el film “Último tango en París” [iv], particularmente en la discutida escena donde la actriz María Schneider es supuestamente abusada. (La escena estaba fuera del guión, y la reacción de furia y humillación de María —en tanto persona, no actriz— eternizó el director Bernardo Bertolucci al filmarla[v]).
Volviendo a Míster Chasman: ¿Cómo es posible que un personaje genere otro y a la vez dialogue con él? ¿Cómo es posible que se diferencie y a la vez mantenga un hilván que los une en un juego de espejos que refleja distintas identidades?
A Chirolita le confeccionaban, a escala, la misma ropa que usaba Chasman en los espectáculos: traje, camisa, corbata y zapatos; y en los viajes al exterior, Gamero lo llevaba en una valija que nunca despachaba [vi].
Con el pasar de los años y la perfección técnica, Míster Chasman y Chirolita alcanzaron fama y éxito. Ocurrió entonces que Chirolita relegó a su partenaire. Chasman no era reconocido per se, sino por su muñeco. Dicen las crónicas que en las reuniones sociales, en las calles, cuando alguien lo reconocía, preguntaba por Chirolita. Gamero, quien personificaba a Chasman y daba vida a Chirolita, probablemente reafirmó su timidez, sus aspectos melancólicos; y su carácter se volvió más difícil, áspero y molesto. Quizás, envidioso y enojado con su creación, simuló un secuestro del muñeco con la intención de adquirir notoriedad, ser titular de las notas periodísticas y pasar a primer plano. Lo logró durante poco tiempo, hasta que él mismo confesó el engaño. Chirolita volvió a superarlo.
Gamero murió en el año 1999. Hhabía registrado el nombre y la imagen del muñeco para cedérselos a su familia. Según versiones, Chirolita está enterrado con Chasman (¿o Gamero?) en la bóveda de un banco, custodiado por la familia, que periódicamente lo saca para que se airee.
En el año 2018 Diego Maradona dio una opinión sobre Trump. Dijo: “Es un Chirolita, no puede gobernar ni una calesita, ni un circo.[vii]” Chirolita revivió y la cobertura periodística en diarios del mundo le dieron notoriedad internacional. Póstumamente, Chirolita superó a Chasman y dejó atrás a Gamero, el hombre con habilidad inusual que le dio vida.
Chirolita ganó más fama que su creador. El muñeco superó al ventrílocuo y encerró aún más a la ensimismada persona que actuaba: Míster Chasman, el señor culto y atildado que dialogaba con el extrovertido Chirolita, gracias a su capacidad para transmutar su voz mientras fumaba. El diálogo entre ambos llegó a ser tan aceitado que ventrílocuo y muñeco podían cantar a la vez. Persona, artista y personaje eran uno y también varios. Y en ese interjuego es posible que la persona odiara a Chirolita, a quien el artista muy probablemente quisiera entrañablemente. Aquí no hay trema; sí podría afirmarse que Míster Chasman, el personaje que Gamero actuaba, quedó preso de su creación: Chirolita, un muñeco que adquirió su propia identidad.
[i] Gangs of New York. Director: Martin Scorsese. Estados Unidos, 2002.
[ii] Klaus Conrad. La esquizofrenia incipiente. Fundación Archivos de Neurobiología. Madrid, 1997
[iii] [iii] El misterio detrás del muñeco más famoso de la TV: la historia del hombre atormentado por su creación – LA NACION Guillermo Courau. Un hombre atormentado por su creación, un fenómeno único en el mundo y el misterio sobre el origen y destino del muñeco más famoso de la TV. La nación, 25-1-2024
[iv] Last tango in Paris. Director: Bernardo Bertolucci. Italia, Francia, 1972
[v] Maria Schneider y El último tango en París: la escena humillante que no estaba en el guion, Brando y la censura – LA NACION
[vi] El silencio de un muñeco – Fundación TEM (fundaciontem.org) Emilio Fernández Cicco. El silencio de un muñeco. Revista Gatopardo, 19-3-2012
[vii]. El rastro de Chirolita: la historia de Chasman y el devenir de un muñeco que una vez por mes sale a tomar aire custodiado – Infobae. Milton Del Moral, 26-1-2020